sábado, 21 de febrero de 2009

ROBINSON.es




Imposible vislumbrar cómo habría hecho ella para saltar la valla del horizonte pero hacía soles que venía nadando hacia aquí, a concienzudos zarpazos que abrían brechas en zig-zag al rasgar de espuma blanca ondulante el inamovible póster donde, tarde a tarde, me solazo contemplando esa densa alfombra que el mar amuebla de chispeantes luciérnagas; este lecho incandescente y deshabitado que acomoda cada noche la honda estela del sol, desde la otra orilla del poniente hasta la arena de la playa.


Imposible recordar también a ciencia cierta quién era yo, antes de ser el que soy. Mucho menos de qué mágico crepúsculo se podría haber descolgado esa bujía, esa diminuta persistencia que no deja de reverberar, en continuo acercamiento descendente, avalancha silenciosa de un tiempo que ya no está en otra parte, partiendo en dos la postal. Y es así que su presencia deviene más y más objetiva con los años, al igual que de su antiguo núcleo neutro se dejan ya adivinar unos brazos como piernas; unas piernas como alas que no dejan de nadar a contra luz.


Pero el frescor que hoy me levanta de la arena no es un soplo de este mundo. No es casual que de las plantas agrietadas de mis pies broten ahora unas diminutas alas, saladas de escarcha blanca.


A mi corazón de naúfrago no le queda más remedio que hacerse cargo. Y es por eso que ahora deja de latir unos instantes; a la busca de poder recomponer una mirada amable. De inventar una cálida sonrisa de bienvenida a mi playa.

A tu playa.

A la playa.






domingo, 15 de febrero de 2009

15 F

Posted by Picasa
"¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol!"
Anoche embadurné tu portal con suspiros en forma de esquela. Literarias cuñas resbaladizas por las que trepar a tu balcón y auparme, sigiloso, a la fragante caricia de tus tobillos desnudos. Agazapado, a tiro de trenza de tu alcoba, me ha sorprendido en cuclillas la madrugada.

Sólo necesito una sonrisa para desplegar mis alas.



miércoles, 11 de febrero de 2009

Provisional

No se trata de escalar el Everest. Los más bravos y heroicos pechos ya se han partido el alma a golpes de hielo y roca para alcanzar la cumbre más alta. Y una vez allí, el mundo a sus pies y los pulmones bañados en cielo, estirarse de puntillas todavía y dar saltitos de impotencia para comprobar que la luna se mantiene igual de inalcanzable. Aún más redonda, más fría, más lejana si cabe; aún más clara.



Tampoco parece una buena idea hacerse astronauta. Más allá de la atmósfera-matriz se detiene el segundero y la existencia se reduce a una etérea suspensión entre monstruosos relojes congelados en la nada. De qué sirve entonces alcanzarla, alunizarla, pisarla, habitarla; si te encuentras atascado al borde de un parto interrupto, abrazando un siniestro cordón umbilical sintético y gritando desconsolado a esa hermosa bola azul que gira sobre sí misma: ¡MAMÁÁÁÁÁÁÁ.................! ...nada de eco.



Y mucho menos se trata de zambullirse desnudo en el lago Titicaca, donde la inmensa esfera de plata no es más que un reflejo que se ablanda y se dispersa, huye, al cortar la superficie del agua; para volver al instante a recomponerse, intacta. Mientras, uno continúa su viaje a contra fuelle, empecinado, sumergiéndose más y más tras el rastro de esa diminuta perla blanca que brilla en el fondo, para acabar comprendiendo, demasiado tarde, que no tiene nada de selenio. Que es puro calcio y se parece demasiado a su propia calavera.

No. No se trata de nada de esto. Es más, no hace falta ni salir de casa.

La jalea irreal no es real, como su nombre indica; pero es jalea, y jala. Apenas se requiere un poquito de constancia y un mucho de fantasía. A la luna hay que pescarla sin que quiera darse cuenta. Si yo lanzo un hilo por mi lado, y tú lanzas otro hilo de tu lado, tal vez Ella se vaya dejando poco a poco engatusar; vaya cediendo en altura y regalando en distancia. El secreto está en no dejar de hablarle, de cantarle a dos voces; aunque éstas no estén del todo sincronizadas, Ella, la luna, las percibirá desde su tiempo con ese mágico efecto del estéreo atomizado y se sentirá más arropada y por lo tanto más dócil, más confiada.



Sólo entonces, cuando al fin se vea, sin querer, aterrizada, y pose su inmensa mole reluciente sobre mi ventana, te convidaré a mi casa, para festejar contigo esta dulce luna llena conquistada. Y entonces sí, día a día, iremos entre los dos poco a poco, tarde a tarde, vaciándola.



A besos. A sorbos de noche y alba.


jueves, 5 de febrero de 2009

Leña





Los destrozos del ciclón han sido barridos por su heredero, un viento helado. La nieve ha emigrado a las alturas y el frío cobra esta noche sin adornos navideños magnitudes insolentes de intemperie.


Entre aullidos de alimañas hambrientas desciendo a trompicones por la ladera. Ya distingo en el fondo del valle la cabaña. Traigo leña.


No tardo en llegar, espérame descalza. Y deja encendida la luna de tu ventana.